Después de una jornada de estudio o procrastinación me siento en el escritorio, prendo el computador y, justo cuando abro el programa para escribir, recuerdo que no tengo una idea concreta; de repente, las ideas que sonaban plausibles dejan de impresionarme. Las frases o títulos que se me ocurren pierden sentido y, mientras eso pasa, me castigo diciendo que me debo sentar con una idea en mente.
Cuando tengo algo en mente se repite la escena, solo que ahora empiezo a escribir sin problema, al menos hasta que la idea me deja de parecer impresionante.
¿Impresionante para quién? No lo sé. Se supone que si tengo una página web propia es para expresarme sin el temor que pueden dar las redes sociales. Solo que, cuando se escribe en público, se escribe para el escarnio público. Aparece la obligación de una mejor idea, la de escribir con un propósito: una utilidad. Por eso, reflexionar por reflexionar y publicarlo me genera problemas.
Cuando expreso una idea ya omito el proceso mental con el que la creé (lo que permite que alguien replique parcialmente lo dicho sin depender de mi tesis, o sea, hacerlo desde su autonomía). Y aunque explique la idea durante el texto, omito las circunstancias y los motivos que me llevaron a lo pensado.
Aún si se escriben en el texto, cada palabra tiene un sentido diferente en cada conciencia y, mientras eso sucede, nuevas ideas surgen.
Pareciera necesario crearse un lenguaje propio o usar el existente. Solo que, usando el existente, se necesita más conocimiento que reflexión. Ahí las palabras son muy rígidas o también dan lugar a interpretación y, cuando eso pasa, la reflexión se diluye en la explicación. Es por eso que veo más útil reflexionar en la mente que escribir.
Fuera de eso, quién sabe si lo que digo es cierto. Después de todo ando en párvulos y, pese a que estoy en miras de salir de la minoría de edad, como diría Kant, sigo siendo un niño resbalando entre significados y conceptos, sin conocer bien qué significa significado y qué significa concepto.
Omito muchas veces el significado de las palabras, pero si intentara conocer todas las palabras (en profundidad y no solo desde los sinónimos abstractos), tal vez se me olvidaría reflexionar.
Mientras pienso sobre qué tema escribir, cosas así pasan por mi cabeza; pareciera que es mejor ejercer la escritura por mera práctica, no solo por utilidad, pero si es una práctica, no necesita ser publicado.
No quiero renunciar a la transparencia, pero ¿debo mostrar también mis prácticas? Esos cuentos chinos de que hay que ser transparente para ser coherente me los creo por ahora y, mientras eso pase, creo que escribiré sin un tema específico. Total, quien se cruce con esto probablemente me entienda.
Discusión
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